Me invitaron al festival de teatro de Cádiz por la escenógrafa de la obra Trece Rosas, que yo había realizado. Allí reencontré el Atlántico después de tanto tiempo en las orillas del Mediterráneo, y me di cuenta de la fuerza que tiene: es más masculino, con una fuerza interna. Era invierno y el mar estaba muy bravo.
Me llamaba la atención la espuma que deja en la playa cuando la ola vuelve al mar: parecía un mensaje escrito con serigrafía desde un lugar lejano. Pensaba en Tarifa, el punto de encuentro del Mediterráneo con el Atlántico, como el encuentro entre un hombre y una mujer: se mezclan y crean una tormenta. Esta serie está hecha de los recuerdos de las sensaciones que he vivido con distintos mares del mundo.